“SOLTANDO MARIPOSAS” – Por Mauricio Hernández Gardea

beisbol-sombra-padre-hijo

“Victorias y derrotas suelen medir el éxito en el mundo del deporte; cantidad de títulos, anotaciones o éxitos conseguidos. Las estadísticas parecen ser el único propósito de juegos que centran la atención de miles de aficionados que buscan encontrar héroes a los que idolatrar o villanos en quienes descargar frustraciones. Ser deportista profesional no lo logra todo el mundo. Cuando las capacidades no son las máximas es necesario el doble de voluntad y no hay quien dude que entre talento y trabajo el segundo se impone sobre el primero”.-

(Tomado de Personajesdeportivos.wordpress.com)

“SOLTANDO MARIPOSAS”

Por Mauricio Hernández Gardea.

-¡Hey Flores a calentar!- se escucho el grito del manager

-Te hablan Mario sigues tú- le dijo el compañero de banca.

Del dugout salió un muchacho alto y delgado se le notaba en la cara que casi era un niño, un novato, tomo su guante y se fue al calentadero.

El muchacho empezó a soltar el brazo, sus primeros tiros de calentamiento se veían lentos y descontrolados, a distancia el manager observaba como el catcher hacía sacrificios para atrapar la pelota, lanzamientos abiertos a derecha e izquierda, altos, otros en piconazos que el receptor se esforzaba para detenerlos, después de ver al muchacho hacer sus tiros de calentamiento el manager pensó que el novato estaba nervioso.

Era el tercer domingo y el sexto juego del torneo regional, su equipo marchaba con tres ganados y dos derrotas, perdían en la octava entrada ocho carreras por cero y perecía que los rivales aumentarían la ventaja y el nocaut era inminente porque tenían dos corredores en base y sin out, el abridor y tres de sus relevistas no habían podido contener las embestidas de los rivales que conforme transcurrían los innings hacían que la ventaja aumentara.

El quinto lanzador, un novato que por su descontrol parecía asustado, subió a la lomita, el manager le entregó la pelota y le dijo, a ver qué traes Flores, atórate y no tengas miedo, el segunda base, un Lagunero con experiencia, buen guante y excelente bat le aconsejó para darle confianza, tire strikes “mijo” y se alejó a cubrir su posición.

Después de convenir las señas con su catcher, también novato, fortachon éste, al que le aclaró que le lanzaría bolas de nudillos y a lo cual el receptor le contestó, tira lo que quieras.
El novel lanzador se quedó solo en el montículo, su primer uniforme, primera salida, primer juego en un estadio, frente a él un tanto cargado a la derecha se veía un cerro enorme en el cual se alcanzaba a distinguir un camino que serpenteaba hasta lo más alto.

El sonido local lo apartó de sus pensamientos al anunciar el cambio de lanzador. Entra al relevo Mario Flores Gutiérrez con el número 98……Se escuchó.

Su primer adversario fue el cuarto bat, un jugador moreno y fornido paisano de Don Benito Juárez traído de aquellas tierras para despachar cuadrangulares y vaya que sabía hacerlo, era un profesional.

El joven se acomodó la cachucha, hizo el primer lanzamiento que resultó tan descontrolado que el receptor no lo pudo contener y los corredores aprovecharon para avanzar a la siguiente base, el muchacho volteó hacia su derecha, entre home y la tercera pudo distinguir un hombre parado en las gradas que con el puño en alto y con potente voz le gritaba, ¡ánimo pitcher!, ¡suéltales mariposas!

El relevista conocía al que lo animaba desde las gradas y entendió el mensaje, acomodó la bola entre sus dedos, la presionó con las yemas, la presentó y la lanzó, la pelota viajó lenta haciendo movimientos extraños, como haciendo pausas y sin rotación., el bateador le tiró con todo y no la encontró fue tanto el ímpetu por tratar de conectarla que al abanicar perdió el casco protector y quedó de rodillas, el profesional se puso de pie, vio al pitcher y comprendió que le acababan de lanzar una bola de nudillos.

El siguiente lanzamiento fue copia del anterior, el cuarto bat la dejó pasar y el ampáyer le hizo saber que había entrado en zona buena al cantarle el segundo strike, a la cuarta pichada el primera base y cuarto bat hizo contacto con la pelota sacando un elevado descomunal al tercera base que capturó sin problemas, el fly fue tan alto que de haber salido hacia el frente y en línea recta la pelota hubiera pasado arriba de los nogales, después de consumado el out el bateador se encaminó al dugout, volteó a mirar al pitcher y le sonrió, tal vez era su manera de mostrarle su respeto al joven lanzador.

El resto de la entrada se fue sin contratiempos, salvo el esfuerzo que tuvo que hacer el receptor que parecía portero para atrapar la pelota. Un rola de rutina al segunda base y con ponche para el sexto en el orden que por más que lo intentó no pudo encontrar la pelota.
Para la novena entrada el muchacho subió a la lomita más confiado, siguió haciendo lo suyo…..siguió “soltando mariposas” y retiro los siguientes tres bateadores en orden y con diez lanzamientos obligo para un elevado al cátcher, rola al primera y terminó con un ponche.
Al termino del encuentro sus compañeros lo saludaron al estilo de los béisboleros, unos chocando los guantes o las manos y otros con una nalgada.

-Perdimos y de pilón nos blanquearon- dijo con cierta tristeza el bat boy.

-Antes no nos noquearon, así es esto, se gana y se pierde pero traemos equipo para pelear el campeonato- respondió el manager.

En las gradas y caminando rumbo a las salida un aficionado entrado en años le comentó a su compañero, ¿viste lo que hizo el chamaco?, no le pudieron sacar la pelota del cuadro, ninguno llegó a primera y no le pudieron pegar porque casi nadie conoce esas pichadas, el chamaco es nudillero, si lo cuidan al novato le va ir bien.
……..Ahí fue el inicio y así empezó todo en un domingo cualquiera.
“No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, Aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda y se calle el viento”.-

Mario Benedetti (fragmento).